7 abr. 2011

El día que pulsé el botón del pause


Llevo una temporada fuera de mi. Hoy en especial ha sido un día distinto al resto. Difícil de explicar y a la vez demasiado personal como para atreverme a desnudar mi alma.

Toda mi vida gira entorno a la música. Soy capaz de explicaros mi vida en canciones. Recuerdos, momentos, estados de animo, vivencias del pasado, ilusiones del futuro, amores, desamores, sonrisas, lloros... Todo.

Mis días empiezan abandonando mi cama la cual no tiene cuatro esquinitas como todas, sino 5 altavoces que la rodean sonando ininterrumpidamente durante toda la noche. Según llego al baño solo tengo que deslizar mi mano por la Dock para que mi Ipod amplificado empiece a sonar. De vuelta a la habitación sigue sonando todo.

De camino al trabajo, en mi coche solo hay cabida para la música. Lo primero que hago tras llegar a mi puesto de trabajo es darle al play a mi iTunes y suena, suena y suena salga el sol por donde salga....

La vuelta a casa vuelve a ser en mi coche, para llegar a mi casa donde en seguida suena todo. Si salgo, voy a sitios con música y mi trayecto es con música, o si hago actividades siempre suenan.

Es así. No se vivir de otra manera. Otros prefieren ver la tele, leer, o fumar... Yo escucho música.

Pero volviendo al principio. Hay días en los que no se como continuar. Como ya adelanté esta tarde vía facebook, mi estado de animo se podía definir, con una canción. Si no conseguía bajar la presión iba a explotar...

Como siempre digo, a grandes problemas, grandes soluciones. No soy de los de mirar a otro lado y dejar que la bola se haga más grande. El pasado ya me escarmentó duramente con eso y para nada estoy aquí para repetir errores...

Las paredes de mi casa me ahogaban, me robaba mi energía, mi cabeza... algo se hacia incontrolable...

Ni corto ni perezoso. Le di al pause a mi música. En tan solo un instante estaba parando mi normal funcionamiento. Abrí mas la ventana y respire. Me tome unos segundos para contemplar la nada, y decidí vestirme. Mi sitio no era ese.

Iba a salir a la calle, pero no quería ni una sola nota musical. Y así fue.

No hace falta cruzarse el mundo para integrarse con el medio y ver las cosas con otra perspectiva, así que me hice amigo de una roca, abrí mis sentidos, y comencé a comer pipas. No necesitaba nada más.

De repente empecé a oler el aroma de césped recién cortado y la musica vino sola a mi cabeza. Tenia razón, esto ya lo había escuchado. Cada sencillo cambio en mi entorno me evocaba enlazar unas líneas de aquí y de allá. Pronto comencé a ver las cosas desde otra perspectiva.

Tengo claro que estos momentos son muy raros para mi, pero me hacen mucho bien. Conseguí sin volverme loco bajar la presión de la lata. Vi las cosas con otros ojos y puede que asiente más y mejor mis ideas.

Eso sí, ahora vuelvo a estar rodeado de las ondas sonoras que no descansarán en mucho tiempo...

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